Creencias Sociales que Legitiman la Violencia Intrafamiliar y su Relación con Variables Sociodemográficas

María Elvira Aguirre-Burneoa
a Universidad Técnica Particular de Loja
Editor: Dr. Jose A Rodas
Recibido: 16/Mar/2026; Aceptado: 02/Sep/2026; Publicado: 05/Oct/2026
*Toda correspondencia debe ser enviada a María Elvira Aguirre-Burneo. Email: meaguirre2@utpl.edu.ec

Resumen

La violencia intrafamiliar es un problema social y de salud pública presente en la sociedad con efectos directos en el bienestar integral de las personas. Diversos estudios muestran que las creencias sociales y culturales influyen en el desarrollo de prácticas violentas, invisibilizadas dentro del ámbito familiar. El presente estudio tuvo como objetivo analizar las creencias que legitiman la violencia intrafamiliar y su relación con variables sociodemográficas en una muestra de 95 adultos. Se utilizó la Escala de Creencias sobre las Relaciones Familiares que evalúa tres dimensiones: maltrato infantil, violencia doméstica y abuso sexual de niños, niñas y adolescentes. Los análisis incluyeron estadísticos descriptivos, estimaciones de consistencia interna y pruebas no paramétricas de comparación. Los resultados evidenciaron diferencias significativas entre las dimensiones evaluadas, observándose mayores niveles de legitimación en la dimensión de maltrato infantil. Asimismo, se identificaron diferencias significativas según el sexo; por el contrario, las demás variables sociodemográficas no presentaron diferencias estadísticamente significativas. Los hallazgos sugieren la normalización de la violencia en el ámbito familiar, lo que evidencia la necesidad de fortalecer estrategias educativas y preventivas orientadas a promover relaciones familiares basadas en el respeto, la comunicación asertiva, prevención y resolución de conflictos y la promoción de una cultura de paz desde la familia y la escuela.

Palabras clave: violencia intrafamiliar, maltrato infantil, violencia doméstica, creencias sociales, factores sociodemográficos

Abstract

Domestic violence is a persistent social and public health problem that directly impairs individual well-being. Research indicates that socio-cultural beliefs foster violent practices that often remain hidden within the domestic sphere. This study aimed to examine beliefs that legitimise domestic violence and evaluate their relationship with sociodemographic variables in a sample of 95 adults. Participants completed the Beliefs About Family Relationships Scale, which assesses three dimensions: child maltreatment, domestic violence, and child and adolescent sexual abuse. Analyses comprised descriptive statistics, internal consistency estimates, and non-parametric group comparisons. Results showed significant differences across the assessed dimensions, with higher levels of legitimisation observed for child maltreatment. Significant differences were also found according to sex, whereas the remaining sociodemographic variables showed no statistically significant differences. These findings indicate that violence within the family remains normalised. Consequently, there is an evident need to reinforce educational and preventative strategies that promote family relationships grounded in mutual respect, assertive communication, conflict prevention and resolution, and a culture of peace supported by both families and schools.

Keywords: domestic violence, child maltreatment, intimate partner violence, social beliefs, sociodemographic factors

Introducción

La violencia intrafamiliar constituye una problemática social multicausal que afecta de manera significativa el desarrollo integral y el bienestar físico y psicosocial, y la salud mental. Este fenómeno incluye manifestaciones como el maltrato infantil, la violencia en las relaciones de pareja y el abuso sexual de niñas, niños y adolescentes (Burghart & Backhaus, 2024; Yu et al., 2022). Siendo así, organismos internacionales promueven el estudio de la violencia, ya que representa un desafío importante para la salud pública debido a sus efectos a largo plazo en la salud mental, el desarrollo socioemocional y la calidad de vida de quienes la experimentan (Organización Mundial de la Salud, 2022; UNICEF, 2020).

La evidencia científica resalta que la violencia en el ámbito familiar no se remite a un comportamiento individual de algún miembro de la familia, sino que constituye un fenómeno influido por factores sociales, culturales y estructurales (World Health Organization, 2021, 2025). En muchos contextos, ciertas prácticas violentas pueden verse como formas legítimas de disciplina o control, además que cuentan con el respaldo de un sistema de creencias y relaciones jerárquicas de poder dentro de la familia (Bourdieu, 2000). Desde esta perspectiva, las creencias no operan como simples opiniones aisladas, sino que se transforman en paradigmas en relación con la normalización de la violencia, con un sistema de pensamiento centrado en la dominancia masculina sobre mujeres o niños dentro de la familia, o bien como prácticas que tienden a normalizarse como formas habituales de disciplina (Herranz Velázquez, 2025).

Diversos estudios han señalado que las creencias sociales relacionadas con el castigo físico, los roles de género y la privacidad familiar pueden contribuir a la normalización de prácticas violentas dentro del hogar (Bott et al., 2022; Heilmann et al., 2021). En algunos contextos el castigo corporal continúa siendo interpretado como una estrategia disciplinaria aceptable, pese a que la evidencia científica lo vincula con efectos negativos en el desarrollo socioemocional y la salud mental de niños y adolescentes (Gershoff et al., 2018). En el caso de la violencia doméstica, la literatura destaca la influencia de normas culturales ligadas a la desigualdad de género, la autoridad masculina y la idea de que los conflictos de pareja deben resolverse en la privacidad del hogar; estas creencias pueden favorecer la invisibilización de la violencia y dificultar la búsqueda de ayuda por parte de las víctimas (Illescas Zhicay et al., 2018). De forma similar, en el ámbito del abuso sexual infantil persisten creencias sociales y representaciones erróneas que atribuyen la responsabilidad a las víctimas, a sus familias o a factores circunstanciales, lo que contribuye a minimizar la gravedad del problema y a legitimar dinámicas de silenciamiento. La evidencia empírica señala que las víctimas pueden reflejar sensaciones de culpa, temor o miedo a las consecuencias sociales y familiares, por la presencia de normas culturales que dan poca o ninguna credibilidad de la palabra de niños y adolescentes, lo que constituye una barrera importante para la revelación del abuso, generando una verdadera “cultura del silencio” en torno a estas experiencias (Abdul Latiff et al., 2024; Alaggia & Collin-Vézina, 2020; McPherson et al., 2025).

La relación entre violencia y desarrollo psicológico también ha sido ampliamente documentada; la exposición temprana a contextos familiares violentos se asocia con dificultades para la regulación emocional, alteraciones en el apego, mayor sensibilidad al estrés, lo que incrementa el riesgo de reproducir patrones violentos en etapas posteriores de la vida (Alaswad et al., 2026; Teicher et al., 2016). Además, desde la perspectiva de la transmisión intergeneracional, las experiencias de maltrato o negligencia pueden influir en la forma en que se generen modelos de relación, autoridad y cuidado en la vida adulta (Brown et al., 2023; Ying et al., 2025).

En América Latina, la violencia intrafamiliar se encuentra vinculada a múltiples factores sociales y culturales, entre ellos las desigualdades de género, las condiciones socioeconómicas y las normas que regulan las relaciones familiares (Bott et al., 2019; Moreno Fernández et al., 2024). En Ecuador, investigaciones recientes evidencian que la violencia intrafamiliar continúa siendo una problemática relevante,presente en distintos grupos sociales y contextos familiares, con un impacto importante en la salud mental, la convivencia y el ejercicio de derechos (Aguirre-Burneo & Jaramillo Castillo, 2022; Caguana-Lasluisa et al., 2024; Observatorio Social del Ecuador, 2018; Ramírez et al., 2017; Serrano-Flores et al., 2024).

Por lo tanto, comprender las creencias que legitiman o invisibilizan la violencia intrafamiliar resulta fundamental para el diseño de estrategias de prevención y psicoeducación. Analizar estas creencias permite identificar los aspectos culturales que sostienen determinadas prácticas y, al mismo tiempo, orientar intervenciones con conciencia social que promuevan relaciones familiares más respetuosas y equitativas. En este marco, el objetivo del presente estudio fue analizar las creencias asociadas a la legitimación o invisibilización de la violencia intrafamiliar y su relación con variables sociodemográficas en una muestra de adultos.

Metodología

El estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo con un diseño transversal de alcance correlacional. Este tipo de diseño permitió examinar la relación entre variables en un momento determinado y aportar evidencia empírica sobre patrones de asociación presentes en la población estudiada, aunque no permite establecer relaciones causales. La muestra estuvo conformada por 95 participantes con edades comprendidas entre 17 y 62 años. La participación fue voluntaria y anónima; a través de un consentimiento informado, se resguardó la confidencialidad de la información conforme a principios éticos de investigación con seres humanos. Se registró información sociodemográfica como edad, sexo, estado civil, nivel socioeconómico y nivel educativo de la madre y del padre. Para el análisis comparativo, la edad se agrupó en tres categorías, considerando tanto la distribución empírica de la muestra como la necesidad de garantizar tamaños de grupo adecuados.

Para la recolección de información se utilizaron: Cuestionario sociodemográfico que abarcó dimensiones personal y familiar, y la Escala de Creencias sobre las Relaciones Familiares (Araya, 2003), integrada por 39 ítems distribuidos en tres dimensiones: maltrato infantil (14 ítems), violencia doméstica (12 ítems) y abuso sexual de niños, niñas y adolescentes (13 ítems). Las respuestas se registraron en una escala tipo Likert de cinco puntos (1 = Totalmente en desacuerdo y 5 = Totalmente de acuerdo) de modo que puntajes más altos representan mayor legitimación o invisibilización de la violencia. Para el cálculo de los puntajes se sumaron los ítems correspondientes a cada dimensión. El ítem 13 fue recodificado debido a que se encontraba formulado en sentido inverso.

La consistencia interna del instrumento mostró niveles adecuados en cada dimensión (maltrato infantil, α = .881, violencia doméstica, α = .876, abuso sexual de niños, niñas y adolescents, α = .805), así como en el total de la escala (α = .920). Los análisis estadísticos se realizaron mediante el programa IBM SPSS Statistics (Versión 29). Se calcularon estadísticos descriptivos y se aplicaron pruebas no paramétricas para comparar diferencias entre dimensiones y entre grupos. Para el análisis de los datos se estableció un nivel de significancia estadística de p < .05, considerándose estadísticamente significativos aquellos resultados cuyo valor de probabilidad fue inferior a dicho umbral.

Resultados

La muestra de estudio (N = 95) estuvo conformada por 63.2% de mujeres y 36.8% de hombres, mayoritariamente solteros (75.8%), con edades comprendidas entre 17 y 62 años, con mayor porción de participantes del grupo de adultos jóvenes (17-24 años). La media de edad fue 21.45 años (DE = 3.12). En cuanto a las variables familiares, el grupo se percibe en un nivel socioeconómico medio (69.5%). Respecto al nivel educativo de los padres, predomina ligeramente el nivel de bachillerato (31.6% en madres y 27.4% en padres), seguido por la formación a nivel universitario de grado (30.5% en madres y 29.5% en padres), con lo cual se evidencia que son las madres quienes porcentualmente, cuentan con mayor formación académica sea en bachillerato o universitario de grado. Todos los análisis se realizaron con una muestra de 95 participantes sin registrarse valores perdidos en las variables estudiadas.

Tabla 1
Características sociodemográficas de la muestra
Categoría f %
Sexo
Mujer 60 63,2
Hombre 35 36,8
Estado civil
Soltero 72 75,8
Casado 14 14,7
Divorciado 3 3,2
Unión libre 6 6,3
Edad
17–24 años 60 63,2
25–34 años 19 20,0
35–62 años 16 16,8
Nivel socioeconómico
Bajo 1 1,1
Medio bajo 20 21,1
Medio 66 69,5
Medio alto 8 8,4
Nivel educativo del padre
Sin estudios 3 3,2
Educación básica 23 24,2
Bachillerato 26 27,4
Tecnológico 8 8,4
Universitario / grado 28 29,5
Universitario / posgrado 7 7,4
Nivel educativo de la madre
Sin estudios 3 3,2
Educación básica 19 20,0
Bachillerato 30 31,6
Tecnológico 7 7,4
Universitario / grado 29 30,5
Universitario / posgrado 7 7,4

Nota. f = frecuencia.

Con el propósito de examinar la distribución y comparar los niveles de legitimación entre las formas de violencia, se calcularon los estadísticos descriptivos para la Escala de Creencias sobre Relaciones Familiares y para cada una de sus dimensiones (Tabla 2). En la escala total, los participantes obtuvieron una media de 95.01 (DE = 24.85), con valores que oscilaron entre 43 y 191 puntos. En relación con las dimensiones específicas, maltrato infantil registró los valores más elevados (M = 38.96; DE = 12.33), seguido por abuso sexual de niños, niñas y adolescentes (M = 30.64; DE = 9.38), mientras que violencia doméstica presentó los puntajes promedio más bajos (M = 25.41; DE = 9.16). Además, para conocer si estas diferencias eran estadísticamente significativas, se aplicó la prueba no paramétrica de Friedman para muestras relacionadas, evidenciándose diferencias significativas entre las tres dimensiones evaluadas (χ² (2) = 90.75, p < .001), lo que sugiere que los niveles de legitimación de la violencia no se distribuyen de manera homogénea según el tipo de violencia considerado.

Tabla 2
Estadísticos descriptivos de las dimensiones de la escala
Dimensiones Mínimo Máximo M DE
Total Creencias relaciones familiares 43 191 95,01 24,85
Maltrato infantil 16 66 38,96 12,33
Abuso sexual 13 65 30,64 9,38
Violencia doméstica 12 60 25,41 9,16

Nota. M = media; DE = desviación estándar.

Respecto a la relación entre dimensiones (Maltrato Infantil, Abuso Sexual y Violencia Doméstica) con las variables sociodemográficas (edad, estado civil, nivel socio económico y nivel educativo de madre y padre), los análisis estadísticos no evidenciaron diferencias significativas con los niveles de legitimación de la violencia evaluados por la escala. Aunque el análisis descriptivo mostró algunas variaciones entre determinados grupos, estas no alcanzaron significancia estadística. Sin embargo, se evidenció una relación con la variable sexo: en términos generales, los hombres registraron rangos promedio más elevados que las mujeres en todas tres dimensiones analizadas, lo que sugiere una mayor tendencia a legitimar diferentes formas de violencia en el ámbito familiar.

Figura 1
Puntajes obtenidos en las dimensiones de la Escala de Creencias sobre Relaciones Familiares según sexo
Puntajes en una dimensión de la Escala de Creencias sobre Relaciones Familiares según sexo ``` Puntajes en una dimensión de la Escala de Creencias sobre Relaciones Familiares según sexo Puntajes en una dimensión de la Escala de Creencias sobre Relaciones Familiares según sexo ```

No obstante, el análisis mediante la prueba U de Mann-Whitney mostró diferencias estadísticamente significativas únicamente en la dimensión maltrato infantil (U = 1338, Z = 2.22, p = .026, r = .23), en la cual los hombres obtuvieron rangos promedio más altos (R = 56.23) en comparación con las mujeres (R = 43.20; Figura 1).

Discusión

Los resultados evidencian que de entre las formas de violencia intrafamiliar, el maltrato infantil es una de las más legitimadas y que, además, constituye un factor de riesgo para el desarrollo de problemas de salud mental en la edad adulta (Cuartas, 2021; De Ruiter et al., 2022; Gershoff et al., 2025). En el presente estudio este tipo de maltrato se evidencia como el más recurrente, el mismo que coincide con investigaciones previas que señalan que el castigo físico es percibido, en algunos contextos, como una estrategia disciplinaria aceptable (Gershoff et al., 2018; Lansford et al., 2014). En términos culturales, estos resultados sugieren la persistencia de marcos normativos que tienden a asociar la autoridad parental con prácticas de control y coerción. En diversos contextos socioculturales, el castigo continúa siendo interpretado como un recurso legítimo de corrección o disciplina dentro de los procesos de crianza, más que como una forma de violencia. Esta interpretación se encuentra vinculada a creencias socialmente aceptadas en relación con ejercer autoridad en la familia y la función formativa del castigo en la regulación del comportamiento infantil, lo que contribuye a su normalización en la vida cotidiana (Global Partnership to End Violence Against Children, 2021; Richards et al., 2021)

Desde una perspectiva sociocultural, estas creencias se relacionan con modelos tradicionales de autoridad parental y con la transmisión intergeneracional de prácticas de crianza basadas en la disciplina coercitiva. Las normas sociales sobre autoridad, obediencia y control influyen en la forma en que determinadas conductas son interpretadas dentro de la familia, lo que puede favorecer la legitimación de prácticas violentas cuando se consideran parte del proceso disciplinario (Heilmann et al., 2021; Ying et al., 2025;). Estas representaciones sociales influyen en la justificación de conductas coercitivas, especialmente cuando se asocian con la autoridad o con la función disciplinaria de los adultos en el proceso de socialización. En este sentido, las normas sociales y creencias culturales sobre la autoridad y la disciplina desempeñan un papel clave en la aceptación o tolerancia de determinadas prácticas violentas en la familia, al contribuir a su normalización y reproducción en la vida cotidiana (Fulu et al., 2017; WHO, 2025).

Las diferencias observadas según el sexo sugieren, además, que las normas culturales relacionadas con los roles de género pueden influir en la forma en que determinadas prácticas disciplinarias son percibidas y justificadas (Heise & Kotsadam, 2015; Jewkes et al., 2017). Las construcciones sociales de autoridad y control dentro de la familia pueden generar distintas percepciones respecto al uso de la violencia como mecanismo de regulación del comportamiento. Los resultados de este estudio presentan una diferencia significativa en la dimensión de maltrato infantil, mostrando una tendencia consistente a mayor legitimación entre los hombres, al igual que lo referenciado por otros estudios a nivel de Latinoamérica (Bott et al., 2019; Klevens & Ports, 2017; UNICEF, 2020). Por otra parte, la ausencia de diferencias significativas en las demás variables sociodemográficas sugiere que estas creencias pueden encontrarse relativamente extendidas en distintos grupos sociales tal como lo reportaron Choi et al. (2018) y Gracia et al. (2020) en sus estudios. Sin embargo, este resultado no debe leerse como falta de relevancia del contexto, sino como una posible evidencia de la normalización de la violencia de manera transversal en distintos niveles educativos, económicos y familiares. En este sentido, los hallazgos aportan evidencia empírica para comprender los factores socioculturales que sostienen la legitimación de la violencia en el ámbito familiar y refuerzan la necesidad de intervenciones que no se limiten a la sanción, sino que trabajen sobre las creencias que la hacen invisible o legítima.

Además, los resultados muestran la persistencia de creencias que legitiman distintas formas de violencia intrafamiliar y su relación con variables sociodemográficas como el sexo de los participantes. Los hallazgos muestran que el maltrato infantil continúa siendo una de las formas de violencia más legitimadas dentro del ámbito familiar, y que en esta dimensión los hombres presentan mayores niveles de aceptación que las mujeres. Por ello, se subraya la necesidad de identificar los factores de riesgo clave para promover el bienestar mental y físico de la población, con miras a fortalecer estrategias educativas y preventivas orientadas a transformar las creencias culturales que normalizan la violencia, promoviendo modelos de convivencia basados en el respeto, la protección de los derechos y la resolución pacífica de conflictos. Comprender las creencias que legitiman la violencia constituye, en este sentido, un paso fundamental para el diseño de programas psicoeducativos orientados a prevenir la violencia intrafamiliar en el marco de una cultura de paz.

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