Introducción
La salud mental de los estudiantes universitarios se ha consolidado como una prioridad en la investigación psicológica, la salud pública y las políticas de educación superior, debido al incremento sostenido de síntomas de estrés, ansiedad, depresión y malestar psicológico reportados en esta población a nivel internacional. Estudios epidemiológicos y multicéntricos han mostrado que una proporción significativa de los trastornos mentales se inicia durante la adolescencia tardía y la adultez temprana, coincidiendo con la etapa universitaria, lo que incrementa la vulnerabilidad psicoemocional de los estudiantes (Kessler et al., 2005). En este contexto, investigaciones internacionales han evidenciado que los estudiantes universitarios presentan niveles de malestar psicológico iguales o superiores a los de la población general de la misma edad, con implicaciones negativas sobre el rendimiento académico, el bienestar subjetivo y la permanencia en los estudios superiores (Auerbach et al., 2018; Blanco et al., 2008; Duffy et al., 2019; Hunt & Eisenberg, 2010).
Diversos estudios han identificado que el entorno universitario expone a los estudiantes a múltiples demandas académicas, personales y sociales que pueden actuar como estresores significativos. Entre los factores más frecuentemente asociados al deterioro de la salud mental se encuentran la sobrecarga académica, la presión por el rendimiento, la acumulación de evaluaciones, la gestión del tiempo y la incertidumbre respecto al futuro académico y laboral (Beiter et al., 2015; Ibrahim et al., 2013; Pascoe et al., 2020; Stallman, 2010). Estas demandas tienden a intensificarse en determinados momentos del calendario académico, incrementando la probabilidad de experimentar estrés, ansiedad y sintomatología depresiva (Bayram & Bilgel, 2008; Saleh et al., 2017).
En este sentido, el calendario académico ha sido señalado como un organizador temporal del estrés académico y del bienestar psicológico estudiantil. Investigaciones longitudinales y transversales han demostrado que los periodos previos a exámenes finales y cierres de semestre se asocian con incrementos significativos del malestar psicológico, mientras que los periodos de receso académico suelen coincidir con una reducción de los niveles de estrés y ansiedad (Bewick et al., 2010; Sharp & Theiler, 2018; Stallman, 2010). Estas fluctuaciones sugieren que el malestar psicológico no se distribuye de manera homogénea a lo largo del año académico, sino que responde a dinámicas temporales específicas.
Paralelamente, el aumento de los problemas de salud mental en estudiantes universitarios ha derivado en un crecimiento sostenido de la demanda de atención psicológica en los servicios de consejería universitaria. Informes institucionales y estudios empíricos han documentado incrementos tanto en la prevalencia de consultas como en la utilización de los servicios de salud mental, así como picos recurrentes de demanda concentrados en determinados meses del año académico (American College Health Association [ACHA], 2019, 2022; Gallagher, 2015; LeViness et al., 2019; Lipson et al., 2019; Xiao et al., 2017). Este fenómeno ha generado desafíos organizativos relevantes para las instituciones de educación superior, incluyendo sobrecarga asistencial y dificultades para garantizar una atención oportuna.
No obstante, a pesar del creciente cuerpo de evidencia sobre la salud mental en estudiantes universitarios, la literatura muestra una relativa escasez de estudios que analicen de manera sistemática la demanda de atención psicológica desde un enfoque longitudinal basado en registros administrativos reales, particularmente en contextos latinoamericanos. La mayoría de las investigaciones se ha centrado en la prevalencia de síntomas o en factores individuales de riesgo, dejando en segundo plano el análisis temporal de las solicitudes de atención como un indicador clave para la planificación preventiva y la gestión eficiente de los servicios psicológicos universitarios (Eisenberg et al., 2013; Hunt & Eisenberg, 2010; Pedrelli et al., 2015).
Desde una perspectiva de salud pública, el análisis longitudinal de la demanda de atención psicológica constituye una herramienta estratégica para identificar periodos críticos de mayor vulnerabilidad psicoemocional, optimizar la asignación de recursos y diseñar intervenciones preventivas ajustadas a los momentos de mayor riesgo. Organismos internacionales han enfatizado la necesidad de fortalecer enfoques preventivos y de promoción de la salud mental en contextos educativos, subrayando la importancia de basar dichas estrategias en evidencia empírica sólida (World Health Organization [WHO], 2022).
En este marco, resulta fundamental examinar cómo la demanda de atención psicológica varía a lo largo del año académico y cómo estas variaciones se relacionan con los periodos de mayor exigencia académica. El análisis longitudinal basado en registros administrativos de servicios psicológicos permite no solo comprender las dinámicas de solicitud de apoyo, sino también orientar la planificación institucional y contribuir al desarrollo de políticas universitarias centradas en la prevención y el bienestar estudiantil.
Por lo tanto, el objetivo del presente estudio fue analizar la demanda longitudinal de atención psicológica en estudiantes universitarios durante los años 2023, 2024 y 2025, identificando los meses de mayor y menor solicitud de atención, con el fin de generar evidencia empírica útil para la planificación preventiva y la optimización de los servicios de salud mental en el ámbito universitario.
Metodología
Se realizó un estudio cuantitativo, longitudinal, descriptivo, basado en el análisis de registros administrativos agregados de atención psicológica en población universitaria.
Los datos proceden del servicio de atención psicológica UDA SALUD UNA SALUD de la Universidad del Azuay, ubicada en la ciudad de Cuenca, Ecuador. Este servicio brinda atención psicológica a estudiantes universitarios de distintas carreras y niveles académicos, como parte de las políticas institucionales de bienestar y salud mental.
La variable principal fue la demanda de atención psicológica, operacionalizada como la frecuencia mensual de solicitudes de cita psicológica, expresada en frecuencias absolutas y porcentajes. La unidad de análisis correspondió al mes calendario, considerando los periodos comprendidos entre enero de 2023 y diciembre de 2025.
Se recopilaron los registros mensuales de solicitudes de atención psicológica correspondientes a los años 2023, 2024 y 2025. Los datos fueron anonimizados y organizados en una base de datos para su análisis, sin incluir información personal, diagnóstica ni identificable de los estudiantes atendidos.
Se realizó un análisis descriptivo, mediante el cálculo de frecuencias y porcentajes mensuales de atención psicológica para cada año del periodo estudiado. Adicionalmente, se efectuó un análisis comparativo de la demanda entre todos los meses de cada año
El estudio se desarrolló a partir de datos secundarios agregados y anonimizados, sin acceso a información personal ni clínica de los usuarios del servicio. De acuerdo con las normas éticas internacionales y las recomendaciones de la American Psychological Association, este tipo de investigación no implica riesgo para los participantes y no requiere consentimiento informado individual. No obstante, se garantizó el uso responsable y confidencial de la información institucional con fines exclusivamente académicos y científicos. Además, se contó con el consentimiento informado de las personas que solicitaron atención psicológica para que estos datos puedan ser utilizados en investigación
Resultados
Los resultados se presentan en términos de frecuencias relativas (porcentajes) calculadas sobre el total anual de atenciones de cada año, con el objetivo de identificar patrones temporales en la demanda de atención psicológica.
En el año 2023, la mayor proporción de solicitudes de atención psicológica se concentró en los meses de octubre (16,55 %), septiembre (13,95 %) y mayo (11,82 %), seguidos de noviembre (11,35 %) y junio (10,05 %). En contraste, los meses con menor demanda fueron agosto (1,77 %), enero (3,31 %) y febrero (4,14 %).
En 2024, se observó un patrón similar, con picos de demanda en marzo (14,71 %), octubre (12,15 %), mayo (12,05 %) y septiembre (12,90 %). Los meses con menor proporción de solicitudes fueron diciembre (2,03 %), julio (2,77 %) y noviembre (5,22 %).
Durante 2025, la mayor demanda relativa se registró en septiembre (15,10 %), junio (11,35 %), octubre (11,84 %) y marzo (11,23 %). Por el contrario, los meses con menor demanda fueron julio (2,42 %), diciembre (2,90 %) y enero (3,99 %).
Tabla 1
Distribución porcentual mensual de la demanda de atención psicológica por año
| Mes | 2023 | 2024 | 2025 | |||
|---|---|---|---|---|---|---|
| n | % | n | % | n | % | |
| Enero | 28 | 3,31 | 48 | 5,12 | 33 | 3,99 |
| Febrero | 35 | 4,14 | 47 | 5,01 | 88 | 10,63 |
| Marzo | 49 | 5,79 | 138 | 14,71 | 93 | 11,23 |
| Abril | 73 | 8,63 | 109 | 11,62 | 70 | 8,45 |
| Mayo | 100 | 11,82 | 113 | 12,05 | 61 | 7,37 |
| Junio | 85 | 10,05 | 100 | 10,66 | 94 | 11,35 |
| Julio | 42 | 4,96 | 26 | 2,77 | 20 | 2,42 |
| Agosto | 15 | 1,77 | 54 | 5,76 | 65 | 7,85 |
| Septiembre | 118 | 13,95 | 121 | 12,90 | 125 | 15,10 |
| Octubre | 140 | 16,55 | 114 | 12,15 | 98 | 11,84 |
| Noviembre | 96 | 11,35 | 49 | 5,22 | 57 | 6,88 |
| Diciembre | 65 | 7,68 | 19 | 2,03 | 24 | 2,90 |
Nota. n = frecuencia mensual de atención; % = porcentaje calculado con base en el total anual de cada año.
El análisis longitudinal de los tres años evidencia un patrón temporal consistente en la demanda de atención psicológica. De manera recurrente, los meses previos a los periodos de exámenes finales, particularmente mayo–junio y octubre–noviembre, concentraron los mayores porcentajes de solicitudes de atención psicológica en los tres años analizados. Este comportamiento sugiere una asociación temporal entre el incremento de la carga académica y el aumento en la demanda de apoyo psicológico.
Por el contrario, los meses de vacaciones académicas o receso, especialmente agosto y diciembre, presentaron de forma sistemática los niveles más bajos de demanda, independientemente del año considerado. Estos resultados refuerzan la hipótesis de que la demanda de atención psicológica en estudiantes universitarios no se distribuye de manera homogénea a lo largo del año, sino que responde a dinámicas académicas específicas.
Figura 1
Evolución mensual de la demanda porcentual de atención psicológica por año
En conjunto, los resultados muestran que la demanda de atención psicológica presenta fluctuaciones predecibles y recurrentes, con picos concentrados en periodos académicos críticos y descensos marcados durante los recesos. Esta regularidad temporal proporciona evidencia empírica útil para la planificación preventiva de los servicios de salud mental universitarios, permitiendo anticipar incrementos en la demanda y optimizar la asignación de recursos humanos y estrategias de intervención en los meses de mayor riesgo psicoemocional.
Discusión
El objetivo del presente estudio fue analizar la demanda longitudinal de atención psicológica en estudiantes universitarios durante los años 2023, 2024 y 2025, con el fin de identificar patrones temporales relevantes para la planificación preventiva en salud mental. Los resultados evidencian fluctuaciones mensuales consistentes en la demanda de atención psicológica, caracterizadas por incrementos recurrentes en los meses previos a los periodos de exámenes finales y descensos marcados durante los meses de receso académico. Este patrón respalda la idea de que el calendario académico constituye un factor organizador clave de la demanda de servicios psicológicos en el contexto universitario.
Los picos de demanda observados durante los periodos de mayor carga académica son coherentes con investigaciones previas que han documentado incrementos significativos de estrés, ansiedad y sintomatología depresiva en estudiantes universitarios durante las etapas de evaluación y cierre de semestre (Beiter et al., 2015; Pascoe et al., 2020; Saleh et al., 2017; Stallman, 2010). Estos hallazgos sugieren que la presión académica actúa como un estresor contextual relevante que incrementa la necesidad de apoyo psicológico formal y la utilización de los servicios de atención universitaria.
Asimismo, la estabilidad del patrón temporal a lo largo de los tres años analizados indica que la demanda de atención psicológica no responde a eventos aislados, sino a una dinámica estructural relativamente predecible vinculada al ciclo académico. Estudios realizados en centros de consejería universitaria han reportado resultados similares, evidenciando incrementos cíclicos en la utilización de los servicios de salud mental durante determinados momentos del año, lo que puede generar sobrecarga asistencial si no se cuenta con una planificación anticipada adecuada (Gallagher, 2015; LeViness et al., 2019; Watkins et al., 2012; Xiao et al., 2017).
Por el contrario, los meses de receso académico, como agosto y diciembre, presentaron de manera consistente los niveles más bajos de demanda de atención psicológica. Este descenso coincide con investigaciones que han mostrado una reducción del estrés académico y del malestar psicológico cuando las exigencias académicas disminuyen (Bayram & Bilgel, 2008; Bewick et al., 2010). No obstante, estos periodos también representan una oportunidad estratégica para la implementación de intervenciones preventivas, programas psicoeducativos y acciones de promoción del bienestar orientadas a fortalecer recursos personales antes del inicio de los periodos de mayor exigencia.
Desde una perspectiva de gestión y prevención en salud mental, los hallazgos del presente estudio tienen implicaciones relevantes para la organización de los servicios psicológicos universitarios. La identificación de meses críticos permite anticipar picos de demanda y diseñar estrategias específicas, como el refuerzo temporal del personal, la implementación de intervenciones grupales breves y programas de manejo del estrés académico. Estas acciones se alinean con las recomendaciones internacionales orientadas a fortalecer la detección temprana y la prevención del malestar psicológico en población universitaria (Drum et al., 2009; Prince, 2015; WHO, 2022).
Finalmente, los resultados deben interpretarse considerando algunas limitaciones. El uso de registros administrativos agregados impide analizar variables individuales como sexo, edad, carrera o motivo de consulta, así como establecer relaciones causales entre la carga académica y la demanda de atención psicológica. Futuros estudios podrían incorporar análisis inferenciales y variables individuales con el fin de profundizar en los mecanismos subyacentes a las fluctuaciones observadas y fortalecer la evidencia para la toma de decisiones institucionales (Eisenberg et al., 2013; Pedrelli et al., 2015).
En conjunto, los hallazgos aportan evidencia empírica sólida sobre la existencia de patrones temporales predecibles en la demanda de atención psicológica en estudiantes universitarios, reforzando la importancia de integrar análisis longitudinales en la planificación preventiva y en la gestión estratégica de los servicios de salud mental universitarios.
Conclusiones
El presente estudio permitió identificar patrones temporales consistentes en la demanda de atención psicológica de estudiantes universitarios a lo largo de los años 2023, 2024 y 2025, evidenciando que las solicitudes de atención no se distribuyen de manera homogénea durante el año académico. Los resultados muestran que los meses previos a los periodos de exámenes finales concentran los niveles más altos de demanda, mientras que los meses de receso académico presentan una disminución significativa en las solicitudes de atención psicológica.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de considerar el calendario académico como un factor clave en la planificación de los servicios de salud mental universitarios, y no únicamente como un contexto organizativo. La regularidad observada en los picos de demanda sugiere que es posible anticipar periodos de mayor vulnerabilidad psicoemocional, lo que abre la posibilidad de implementar estrategias preventivas y de intervención temprana ajustadas a momentos específicos del año.
Desde una perspectiva aplicada, los resultados del estudio aportan evidencia empírica útil para la optimización de recursos humanos y organizativos en los servicios de atención psicológica universitarios. La identificación de meses críticos permite orientar acciones como el refuerzo temporal del personal, el desarrollo de intervenciones grupales breves, programas de manejo del estrés académico y actividades psicoeducativas focalizadas, contribuyendo a una atención más oportuna y eficiente.
En términos de salud pública y prevención, el análisis longitudinal de la demanda de atención psicológica se configura como una herramienta valiosa para la gestión estratégica del bienestar estudiantil, al facilitar la toma de decisiones basada en datos reales y contextualizados. La incorporación de este tipo de análisis en las políticas institucionales puede fortalecer los enfoques preventivos y promover una cultura universitaria orientada al cuidado de la salud mental.
Finalmente, los resultados subrayan la necesidad de continuar investigando la demanda de atención psicológica en contextos universitarios desde enfoques longitudinales y preventivos, integrando en futuros estudios variables individuales y académicas que permitan profundizar en la comprensión de los factores asociados al malestar psicológico estudiantil. Este conocimiento contribuirá al desarrollo de servicios de salud mental más sensibles, eficientes y alineados con las necesidades reales de la población universitaria.
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