Introducción
El abuso sexual infantil (ASI) constituye una de las formas más devastadoras de violencia que afecta a los infantes a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud (2017), define esta problemática como cualquier acto sexual impuesto a un menor mediante manipulación, coerción o aprovechamiento de una posición de poder, generando consecuencias físicas, emocionales y psicológicas que pueden prolongarse hasta la adultez. En Ecuador, las cifras resultan alarmantes: la Defensoría del Pueblo de Ecuador (2023) reporta 52.051 casos de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes registrados entre enero de 2018 y junio de 2023, de los cuales únicamente el 4.15% ha recibido sentencia. Los datos del Ministerio de Educación (2023) evidencian que los escolares (de 8 a 14 años) representan el 49.06% de las víctimas femeninas y el 62,75% de las masculinas, constituyendo el grupo etario más vulnerable. Particularmente preocupante resulta que el 65% de los agresores son familiares o conocidos cercanos, lo que subraya la urgencia de desarrollar estrategias preventivas culturales sensibles y contextualmente apropiadas.
A pesar de los avances en el desarrollo de campañas educativas y materiales audiovisuales preventivos, persiste una brecha significativa en la investigación sobre la influencia de factores socioculturales, específicamente la etnia, en la recepción y efectividad de estos mensajes preventivos. Al respecto, la mayoría de estudios se han centrado en evaluaciones globales de las intervenciones, sin considerar la heterogeneidad de respuestas del público infantil según sus características étnico-raciales (Hormazábal et al., 2020). Esta situación se agudiza en Ecuador debido a su amplia diversidad étnica y cultural, donde conviven niños y niñas indígenas, afrodescendientes, mestizos y blancos, cada grupo con especificidades culturales, lingüísticas y sociales particulares. Sin embargo, los videos educativos frecuentemente presentan personajes con características fenotípicas europeas, limitando las oportunidades de identificación y, consecuentemente, la eficacia del mensaje preventivo (Consejo de Comunicación, 2020).
La evidencia científica sugiere que la identificación con personajes constituye un mecanismo psicológico fundamental para la efectividad de los mensajes preventivos. Cuando los niños logran establecer conexiones emocionales con los protagonistas de videos, no solo mejora su comprensión de la información, sino que también se facilitan cambios significativos en sus actitudes, emociones y comportamientos (Bandura, 2002; Cohen, 2001). No obstante, cuando los personajes no reflejan sus características físicas, culturales o lingüísticas, el impacto educativo se reduce considerablemente, obstaculizando la asimilación de estrategias de autocuidado y protección (Barreiro-Yero y García-Torrell, 2023). Esta problemática adquiere particular relevancia en escolares de 10 a 12 años, quienes se encuentran en un periodo crítico de desarrollo identitario en el cual comienzan a formar su identidad y a reconocer con mayor claridad las diferencias étnicas y culturales (Phinney, 1992; Quintana, 1998).
El edu-entretenimiento, entendido como la integración de contenidos educativos dentro de formatos de entretenimiento, se ha posicionado como una herramienta innovadora que combina el aprendizaje con recursos lúdicos, narrativos y emocionales pensados para captar la atención de los niños (Singhal y Rogers, 2002).
Esta metodología se basa en la idea de que los niños aprenden y recuerdan mejor cuando están inmersos en la historia —conocida como trasporte narrativo—, que reduce la resistencia y el rechazo a los mensajes (Green y Brock, 2000); la identificación con los personajes, que facilita la adopción de sus perspectivas y comportamientos (Cohen, 2001); y la disminución de la reactancia psicológica, lo que permite tratar temas delicados sin generar rechazo (Moyer-Gusé, 2008).
En el ámbito de la prevención del abuso sexual infantil, esta estrategia cuenta historias cercanas a la vida cotidiana de los infantes y transmite mensajes sobre autocuidado, conciencia del propio cuerpo y la importancia de pedir ayuda, todo de una manera accesible y no amenazante (Villegas-Ramírez et al., 2023). Estudios recientes señalan que la eficacia del edu-entretenimiento depende de factores como la credibilidad de las historias, la cercanía cultural de los contenidos y la representación étnica y cultural de los personajes (Russo-Ruggiero y Wilson-Buchanan, 2019). Cuando los materiales no reflejan esta diversidad, los niños tienen más dificultades para identificarse con ellos, lo que limita la apropiación del mensaje preventivo.
En Ecuador, donde coexisten múltiples culturas, la inclusión de elementos cercanos a la realidad de los niños resulta clave. Campoverde Haro (2022) subraya que los recursos audiovisuales funcionan mucho mejor cuando incorporan el lenguaje local, escenarios reconocibles, costumbres propias y, de manera especial, personajes que reflejan auténticamente la diversidad étnica del país. De lo contrario, se corre el riesgo de generar exclusión simbólica y reducir la efectividad de las campañas preventivas.
La identidad étnica se va construyendo desde los primeros años de vida. A medida que los niños crecen, empiezan a percibir diferencias en las personas tales como el color de piel, los rasgos físicos, las formas de hablar o las costumbres familiares. Estas diferencias, que al principio son solo observaciones, se van trasformando en algo más profundo, hasta convertirse en parte del concepto que cada niño tiene de sí mismo y del grupo al que pertenece (Phinney, 1992)
Investigaciones como las de Quintana (1998) muestran que, desde los tres años, los niños ya reconocen diferencias físicas, aunque sin comprender todo lo que implican. Alrededor de los seis años, comienzan a clasificar a las personas según estas características y, poco después, se reconocen como parte de un grupo étnico. Cuando llegan a los 10 o 12 años, su visión se vuelve más compleja: ya no solo identifican grupos, sino que asocian esas diferencias con valoraciones sociales, ya sean positivas o negativas.
De hecho, como explica Phinney (1992), el desarrollo de una identidad étnica sólida tiene un impacto directo en la vida de los niños. Les ayuda a sentirse seguro de quienes son, fortalece su autoestima, mejora su integración social e incluso influye en su desempeño escolar. Por el contrario, la falta de representación positiva en su entorno ya sea en los mismos medios de comunicación, en los materiales educativos o en la sociedad misma puede llevar a que los niños y niñas adapten estereotipos negativos. Tal como lo evidencia el estudio contemporáneo de Ocaña Arroyo (2023) en Ecuador, donde se documentó que numerosos niños afrodescendientes continúan exhibiendo una inclinación hacia los rasgos fenotípicos europeos, fenómeno que refleja la persistencia de un entorno sociocultural y mediático que privilegia dichos modelos estéticos. Además, como señalan Derman-Sparks y Ramsey (2020), cuando un grupo étnico es invisible o mostrado como estereotipos, afecta la autoestima de los niños que pertenecen a ese grupo y refuerza prejuicios en el resto de la sociedad.
En este sentido el objetivo del estudio fue determinar los niveles de identificación por la etnia en escolares de 10 a 12 años en relación con los personajes en videos para la prevención del abuso sexual infantil.
Metodología
Se realizó un estudio cuantitativo, de tipo cuasiexperimental con grupo control y medición postest. La muestra estuvo conformada por 137 escolares de una escuela pública de la ciudad de Cuenca, con edades comprendidas entre 10 y 12 años (M = 10.99; DE = 0.65). Se realizó una preselección de videos educativos sobre la prevención del abuso sexual infantil para esta población.
Los criterios de inclusión fueron tener entre 10 y 12 años, asistir el día de la actividad y contar con el consentimiento informado de sus representantes legales y el asentimiento informado de los escolares. Los criterios de exclusión fueron no estar dentro del rango de edad establecido, no contar con el consentimiento o asentimiento correspondiente o no asistir el día en que se realizó la intervención.
Se plantearon las siguientes hipótesis: a) Los escolares de 10 a los 12 años se identifican en mayor medida con personajes de la misma etnia; b) El nivel de identificación con el personaje representado en los videos difiere significativamente según la etnia de dicho personaje.
Se recopilaron datos mediante un cuestionario diseñado ad hoc para esta investigación con el fin de medir la identificación con los personajes presentados en los videos y se comparar las tasas de identificación infantil según la etnia de los personajes y los hablantes en los materiales audiovisuales. El cuestionario fue diseñado especialmente para esta investigación. El instrumento se estructuró en las siguientes secciones: datos sociodemográficos, percepción e identificación con el personaje, comprensión del mensaje preventivo y evaluación emocional y estética del video.
Las preguntas se respondieron a través de la escala tipo Likert, con opciones de respuesta del 1 al 5 o del 1 al 7, según el ítem. Antes de su aplicación definitiva, el cuestionario fue sometido a una prueba piloto para garantizar su confiabilidad, evaluada mediante el coeficiente alfa de Cronbach, cuyo resultado fue igual o mayor a 0.80. El diseño del instrumento se fundamentó en buenas prácticas de evaluación con población infantil, apoyándose en investigaciones preventivas como las de Russo-Ruggiero y Wilson-Buchanan (2019), así como Derman-Sparks et al. (2020).
Resultados
La muestra presentó una ligera mayoría de participantes de sexo masculino (56.9%, n = 78) frente al femenino (43.1%, n = 59). En cuanto a la estructura de convivencia, más de la mitad de los escolares (51.1%) convive con ambos padres, mientras que el 39.4% vive únicamente con su madre. Respecto a la autoidentificación étnica, la mayoría se autoidentificó como mestiza (79.6%), seguida en menor proporción por las categorías blanca (7.3%), indígena (4.4%), afrodescendiente (4.4%) y otras (4.4%).
En relación con la percepción del color de piel del personaje principal (Esthela), la mayoría de la niñez la percibió como mestiza (52.2%), mientras que un 47.8% la identificó como blanca (véase la Tabla 1). No se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre la autoidentificación étnica y la percepción del color de piel del personaje (p = .623).
Por otro lado, al analizar la relación entre el índice de similitud percibida con el personaje y la autopercepción étnica, se encontró una correlación positiva de magnitud media, estadísticamente significativa (r = .44, p < .001). Este resultado indica que cuanto mayor es la similitud percibida con el personaje, mayor es el nivel de identificación reportado por los escolares.
| Color de piel percibido | n | % |
|---|---|---|
| Mestiza | 71 | 52.2 |
| Blanca | 65 | 47.8 |
| Total válido | 136 | 100.0 |
Discusión
Los resultados de este estudio muestran que los participantes sí se identificaron con Esthela lo que respalda que la representación étnica autentica de los personajes de materiales educativos favorece la conexión emocional con la audiencia infantil, aun cuando no se observaron diferencias significativas con la percepción del color de piel. Estos hallazgos coinciden con lo propuesto por Quintanilla et al. (2022), quienes destacaron que la identificación con personajes similares facilita el desarrollo emocional y la empatía en los niños.
De manera similar, Dore (2022) demostró experimentalmente que los niños de 6 a 8 años se identifican más con personajes que comparten características raciales similares, explicando este fenómeno a través de la hipótesis de la identificación, donde la similitud étnica entre el personaje y la audiencia conduce a una mayor de identificación y conexión emocional. Adicionalmente, Hoffner y Buchanan (2005) encontraron que la similitud racial afecta significativamente los procesos de identificación tanto en hombres como en mujeres, fortaleciendo la conexión con personajes televisivos cuando se perciben características compartidas.
Los análisis correlacionales revelan una relación positiva significativa entre el índice de similitud con Esthela y la autopercepción étnica, lo que confirma lo mencionado por Yero y Torrello (2023), quienes concluyeron que los niños muestran mayor empatía hacia personajes culturalmente similares, estableciendo vínculos emocionales más profundos y duraderos con aquello que reflejan sus características étnicas.
Zerebecki et al. (2024) encontró que los adolescentes buscan activamente contenido mediático con personajes que son miembros de sus grupos similares, posiblemente porque encuentran en ellos validación y representación de sus propias experiencias culturales. A pesar de algunos avances en la producción de contenidos audiovisuales dirigidos a la infancia, aún hay muy pocos estudios que relacionen directamente la raza o etnia del personaje con la comprensión y recepción del mensaje preventivo. Esta ausencia de evidencia representa una brecha importante, sobre todo en sociedades multiculturales como la ecuatoriana (Derman-Sparks et al., 2020)
El presente estudio presentó limitaciones. La primera fue el tamaño y representatividad de la muestra al momento de realizar análisis segmentados. Si bien se contó con una muestra inicial de 137 participantes, al dividir por grupos o por videos específicos las submuestras se redujeron considerablemente. Otra limitación se relaciona con la variable género, ya que no se establecieron diferencias entre participantes masculinos y femeninos y su nivel de identificación con los personajes de los videos. La última limitación fue que el estudio se desarrolló en una única institución educativa.
Referencias
Bandura, A. (2002). Social cognitive theory of mass communication. Media Psychology, 3(3), 265-299.
Barreiro-Yero, J., y García-Torrell, I. (2023). Eficacia de la comunicación entre los títeres y los niños de la edad preescolar. Criterios de María Antonia Fariñas. Maestro y Sociedad, 20(1), 237-242.
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